Reflexiones en un espejo: La danza interior – Donde la trascendencia se vuelve intimidad
Un examen de por qué ciertos caminos no duales conducen al desapego espiritual y a la frialdad, y una exploración de una visión alternativa arraigada en el shaivismo de Cachemira, donde despertar significa integrarlo todo en vez de trascender el mundo.
Vi un video titulado «La verdad más difícil que he aprendido en 20 años de no dualidad»; en él, quien hablaba iluminaba una dificultad que había vivido: mediante su búsqueda no dual había perdido el contacto con su humanidad y se había vuelto un poco frío, distante y desapegado. Este es un rumor o murmullo común que escucho acerca de algunas corrientes de la no dualidad, sobre todo de aquellas que niegan el mundo y afirman que la realidad es una Ilusión que debe trascenderse de alguna manera. Es una simplificación enorme, pero pone de relieve los mecanismos que están en juego.
La creencia de que la Realidad (con R mayúscula) y la apariencia o la experiencia están fundamentalmente separadas u ordenadas jerárquicamente, siendo una «más real» que la otra.
De ahí se desprenden varias creencias relacionadas:
1. La devaluación ontológica del mundo fenoménico. Si Brahman o el Absoluto es «verdaderamente real» y el mundo es maya, ilusión o vacío, entonces el mundo tiene un estatus ontológico inferior. No es tan real. Esto crea de manera natural una jerarquía de valor, sea sutil o no tan sutil.
2. La liberación exige trascender *desde afuera*, en vez de trascender *hacia dentro*. Debes escapar del mundo, trascenderlo o ver a través de él, en vez de relacionarte más profundamente con él. La meta es salir de la ilusión, no transformar tu relación con ella mientras permaneces dentro. Esto crea un antagonismo implícito: el mundo se convierte en el obstáculo.
3. El yo o la conciencia está radicalmente separado del contenido. Tú eres el testigo, no lo atestiguado. Quien ve, no lo visto. Esto crea una división entre sujeto y objeto que, paradójicamente, persiste incluso en la «no dualidad»: todavía estás apartado de la experiencia, solo que en un nivel «más elevado». De ahí nace naturalmente el desapego.
4. La vida encarnada compromete inherentemente la realización. Las relaciones, los deseos, la creatividad, el involucramiento: se consideran ataduras en vez de expresiones de la conciencia. Son aquello que te mantiene sujeto.
La suposición subyacente: que despertar significa dejar algo atrás en vez de integrar algo nuevo.
Por otra parte, hay una manera distinta de pensar las cosas.
¿Y si la Realidad y la apariencia no estuvieran ordenadas jerárquicamente, sino entrelazadas en éxtasis? ¿Y si el Absoluto no permaneciera apartado del mundo, sino que entrara por completo en él, se convirtiera en él, le hiciera el amor?
Esta es la visión que surge de un linaje no dual diferente, uno proveniente del shaivismo de Cachemira y amplificado por maestros como Osho: el reconocimiento de Shiva y Shakti, la conciencia y el poder creativo, no como una jerarquía vertical sino como amantes eternos. Shiva no trasciende la danza de Shakti; entra en ella. Explora su cuerpo en todas sus manifestaciones. Y Shakti, a su vez, lo seduce para que vaya más profundo: hacia la sensación, hacia la forma, hacia la exquisita particularidad de la existencia encarnada.
De este entendimiento se desprende un conjunto de creencias radicalmente distinto:
- El mundo fenoménico no es devaluado: es la sustancia misma de la divinidad. Todo es Shakti, el juego creativo de la conciencia. Lo sensorial, lo encarnado, lo relacional: no son ilusiones que haya que atravesar con la mirada, sino invitaciones a sumergirse más profundamente en el Ser.
- La liberación no exige trascender *desde afuera*, sino trascender *hacia dentro*. No escapas del mundo; llegas a él de una manera más completa. La meta no es salir de la danza, sino danzar con tal plenitud, con tal presencia, que cada movimiento se convierta en una expresión de lo Divino mismo.
- El yo y el contenido no están separados: están en una comunión constante e íntima. Eres tanto quien ve como lo visto, tanto Shiva como Shakti. La aparente división entre sujeto y objeto no se disuelve en una conciencia testigo que permanece aparte, sino en una unión participativa. Estás en ello, como ello.
- La vida encarnada no compromete la realización: es la sustancia misma a través de la cual vive la realización. Las relaciones, los deseos, la creatividad, la sensación: son el lenguaje mediante el cual la conciencia se conoce a sí misma. No son ataduras, sino cartas de amor escritas por lo Divino para sí mismo.
La suposición subyacente: que despertar significa integrarlo todo en vez de dejar algo atrás.
Inspirado por este fragmento:
Desde la perspectiva de la plenitud, del Señor Shiva jugando consigo mismo, de encarnar en un estado corpóreo para explorar algo, para experimentar algo a través de ti, a través de la experiencia misma; a través de la danza de la forma y lo informe, del surgimiento y el desvanecimiento, del remolino; Shiva y Shakti jugando el uno con el otro, amándose, haciéndose el amor. Shiva explorando el cuerpo de Shakti de todas las maneras en que ella puede manifestarse, y Shakti seduciendo a Shiva para que entre en ella, la explore, la penetre, saboreando la experiencia de permitir profundamente que el Señor Shiva entre en ella: la plenitud de la existencia y la expresión. Eufórico. Extático. Unión.
Muchísimo más que no puede expresarse con palabras. El sabor de una forma de no dualidad que te pide, te suplica, que te sumerjas en el Ser con tal plenitud, tan por completo, tan exquisitamente, que todo se convierta en éxtasis; porque todo es Shakti, todo es Shiva. Y como Shiva o Shakti, saboreas a tu amante en cada una de sus formas, de todas las maneras deliciosas…